Giovana Femat Roldán 29 de julio de 2020 Síntomas

Tratamiento contra el Parkinson
Aunque ver el Parkinson aparecer es algo muy difícil de enfrentar, encontrar el tratamiento adecuado me hizo sentir que recuperé el control de mi vida y la paz para disfrutar de mi tiempo y mi familia.
Al principio buscaba respuestas a mis síntomas, pero más temprano que tarde tuve que enfrentarlo, y vivir con ello. Me sentía mareado, dependiente y emocionalmente abatido, no podía aceptar que algo así me ocurriera.
El Parkinson avanzó sin que me diera cuenta
Todo empezó cuando tenía 62 años, con unos pequeños temblores cuando debía hacer cosas muy puntuales con mi mano derecha, intentaba ocultarlo, sentía algo de vergüenza porque siempre fui alguien independiente. Del mismo modo, mi familia lo notó y me pidieron ir al médico cuanto antes.
Al principio no quise, pero la progresión de la enfermedad comprometió otras funciones además del movimiento, sin duda alguna tuvo un impacto negativo en mi calidad de vida. Con el tiempo cambió mi ánimo, hacer cualquier cosa me causaba apatía, y sin darme cuenta me había vuelto un hombre retraído y triste.
Los síntomas empeoraron, y yo necesitaba ayuda
De hecho, los síntomas motores aumentaron en gravedad. Empecé a notar problemas de equilibrio y coordinación, y por más que intentaba controlarlos, no podía. Es una sensación terrible que invadía todo mi cuerpo y robaba toda mi tranquilidad. No creí nunca que esto me pudiese pasar.
Debía encontrar ayuda rápido. El especialista me dijo que la enfermedad de Parkinson es un desorden motor degenerativo y progresivo, causado por la muerte de las neuronas y esto crea una privación de dopamina, el neurotransmisor que permite el control del movimiento.
También me explicó que, aunque el padecimiento afecta principalmente a las funciones que controlan la movilidad, a menudo también compromete las funciones emocionales y psiquiátricas. De ahí la frecuente aparición de problemas como la depresión y la demencia.
El tratamiento cambió mi vida
Francamente, el diagnóstico fue más complejo de lo que pensé: primero el neurólogo formuló una hipótesis basada en mi historia clínica y la de los miembros de mi familia. Después, prosiguió con la evaluación de los síntomas y signos neurológicos, también me hicieron imágenes de resonancia magnética.
Por fortuna, los especialistas pudieron excluir otras enfermedades que tienen sintomatología similar. Después de esto, me mencionaron que existían varios tipos de tratamientos, desde terapias y fármacos, así como la Estimulación Magnética Transcraneal, una técnica moderna y muy efectiva.
Seguí su recomendación por la Estimulación Magnética Transcraneal, ya que era el más adecuado por ser un tratamiento poco invasivo e indoloro, con rápida respuesta en la mayoría de pacientes. Aunque tenía nervios, me sentía entusiasmado por empezar, y seguí todas las indicaciones al pie de la letra.
Con el paso de las semanas noté que tenía de nuevo el control de mi vida, los síntomas empezaron a reducirse y mi estado de ánimo mejoró muchísimo. Mi familia y yo nos dedicamos a recuperar el tiempo perdido y la alegría se volvió el motor de mi vida. ¡Estoy infinitamente agradecido!
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