¿Qué causa el Parkinson? Genética, ambiente y más
Giovana Femat Roldán 12 de abril de 2025 Padecimientos

El párkinson es una enfermedad neurodegenerativa progresiva que afecta principalmente el movimiento, pero cuyo impacto va mucho más allá de los síntomas motores visibles. A lo largo de los años, como neurólogo especialista en la atención de la enfermedad de Parkinson, he acompañado a pacientes y familias que enfrentan esta condición con múltiples preguntas, y entre ellas, una de las más comunes es: ¿qué causa el Parkinson? La respuesta no es sencilla, pero hoy quiero compartir una mirada amplia y fundamentada sobre los factores que se han identificado como parte del origen de esta enfermedad.
¿Qué es el Parkinson?
Antes de hablar de sus causas, conviene comprender qué sucede en el cerebro de una persona con párkinson. Esta enfermedad se caracteriza por la pérdida progresiva de neuronas dopaminérgicas ubicadas en una región del cerebro conocida como la sustancia negra. La dopamina es un neurotransmisor esencial para controlar el movimiento, por lo que su disminución genera síntomas como temblor en reposo, rigidez, lentitud de movimientos (bradicinesia) y alteraciones posturales. Sin embargo, también puede haber síntomas no motores, como trastornos del sueño, depresión, pérdida del olfato y alteraciones cognitivas.
Causas del Parkinson: una enfermedad multifactorial
Aunque durante mucho tiempo se pensó que el párkinson era exclusivamente una enfermedad esporádica y sin causa aparente, hoy se sabe que existen múltiples factores implicados en su desarrollo. Estos pueden dividirse en tres grandes grupos: factores genéticos, factores ambientales y otros desencadenantes que aún se están investigando.
1. Factores genéticos del Parkinson
Contrario a lo que se podría pensar, la mayoría de los casos de enfermedad de Parkinson no son hereditarios. No obstante, se ha identificado un porcentaje pequeño (alrededor del 10-15%) en el que existen mutaciones genéticas específicas que aumentan significativamente el riesgo de desarrollar la enfermedad.
Algunos de los genes más estudiados son:
- LRRK2 (Leucine-rich repeat kinase 2):
Es la mutación genética más común en casos de Parkinson familiar. Las personas con mutaciones en este gen pueden desarrollar la enfermedad en edades similares a los casos esporádicos.
- PARK7, PINK1 y PRKN (Parkin):
Estas mutaciones se relacionan más comúnmente con la aparición temprana del Parkinson, a menudo antes de los 40 años.
- GBA (Glucocerebrosidasa):
Esta variante genética no causa Parkinson directamente, pero sí incrementa el riesgo y puede influir en una evolución más rápida de los síntomas.
Importante destacar que tener una mutación genética no garantiza desarrollar la enfermedad, sino que representa un factor de riesgo. Muchos individuos con predisposición genética nunca llegan a presentar síntomas.
2. Factores ambientales
Los factores del entorno también tienen un papel fundamental. Existen estudios sólidos que vinculan ciertos agentes ambientales tóxicos con un mayor riesgo de enfermedad de Parkinson:
- Exposición a pesticidas:
Sustancias como el paraquat y la rotenona han sido relacionadas con daño a las neuronas dopaminérgicas.
- Contaminación del aire:
Las partículas contaminantes finas pueden inducir procesos inflamatorios crónicos en el sistema nervioso central.
- Metales pesados:
Exposición prolongada a manganeso o plomo puede ser tóxica para el sistema nervioso.
- Consumo de agua de pozos contaminados:
Algunas investigaciones sugieren que ciertos químicos presentes en aguas no tratadas podrían incrementar el riesgo.
No se trata de causas determinantes, pero sí de factores que, combinados con una predisposición genética, pueden acelerar la aparición de la enfermedad.
3. Otros factores y teorías emergentes
Además de los aspectos genéticos y ambientales, hay otros elementos en investigación que podrían tener un rol en la causa del párkinson:
- Inflamación crónica:
El sistema inmunológico podría estar involucrado en la neurodegeneración, provocando daño a las neuronas.
- Microbiota intestinal:
La relación entre el intestino y el cerebro es cada vez más clara. Se ha observado que algunos pacientes con Parkinson presentan alteraciones en la flora intestinal incluso años antes de desarrollar síntomas motores.
- Estrés oxidativo y mitocondrias:
Las disfunciones mitocondriales pueden generar radicales libres que dañan a las neuronas, una teoría que ha cobrado fuerza en los últimos años.

¿El Parkinson se puede prevenir?
Hablar de prevención en una enfermedad como el Parkinson puede resultar complejo, ya que no existe, al día de hoy, una forma definitiva de evitar su aparición. Sin embargo, conocer los factores de riesgo y promover hábitos saludables puede reducir las probabilidades de desarrollarla o retrasar su aparición, especialmente en personas con predisposición genética o exposición a ciertos factores ambientales.
Aunque la enfermedad de Parkinson no tiene una causa única, los estudios epidemiológicos y neurológicos han identificado diversas estrategias de protección neurológica que podrían ayudar a cuidar la salud cerebral a largo plazo.
1. Evitar el contacto con sustancias tóxicas
Uno de los enfoques más importantes es minimizar la exposición a sustancias que se han asociado con daño neuronal:
- Evitar pesticidas y herbicidas: Para quienes viven o trabajan en entornos agrícolas, es fundamental el uso de equipo de protección y la adopción de alternativas menos tóxicas.
- Reducir el contacto con metales pesados y disolventes industriales, especialmente en profesiones de riesgo.
- Beber agua potable de fuentes seguras, ya que el agua contaminada con ciertos compuestos químicos ha sido relacionada con mayor riesgo.
Estos cambios no solo tienen impacto en la salud neurológica, sino también en la salud general.
2. Alimentación neuroprotectora
La dieta puede ser una gran aliada en la prevención de enfermedades neurodegenerativas:
- Dieta mediterránea: Rica en frutas, verduras, aceite de oliva, pescado y frutos secos. Se ha asociado con un menor riesgo de Parkinson y otras enfermedades neurológicas.
- Antioxidantes naturales: Alimentos ricos en vitamina C, E, polifenoles y flavonoides ayudan a combatir el estrés oxidativo, que daña las neuronas.
- Probióticos y prebióticos: Una microbiota intestinal saludable podría influir positivamente en la comunicación intestino-cerebro y modular procesos inflamatorios.
Además, mantener un peso saludable y controlar enfermedades como la hipertensión y la diabetes también es esencial para la salud neurológica.
3. Actividad física regular
El ejercicio no solo mejora el estado de ánimo y la salud cardiovascular, sino que también ha demostrado tener un efecto protector sobre el cerebro. Se recomienda:
- Ejercicio aeróbico moderado (como caminar, nadar o andar en bicicleta) al menos 150 minutos por semana.
- Actividades que estimulen el equilibrio, la fuerza y la flexibilidad (como yoga o tai chi).
- En etapas tempranas o incluso antes del diagnóstico, el ejercicio puede influir en la plasticidad cerebral y favorecer una mejor evolución.
4. Estimulación cognitiva continua
El cerebro también necesita ejercitarse intelectualmente. La estimulación cognitiva a través de la lectura, la música, los juegos mentales, los idiomas o el aprendizaje constante puede favorecer una mejor reserva cognitiva. Aunque esto no previene directamente la enfermedad de Parkinson, sí puede ayudar a enfrentar mejor sus manifestaciones no motoras.
5. Atención médica personalizada
Finalmente, es clave realizar controles neurológicos periódicos, especialmente si existen antecedentes familiares de Parkinson o si se presentan síntomas tempranos como:
- Pérdida del olfato sin causa aparente.
- Trastornos del sueño, como movimientos bruscos durante el sueño REM.
- Estreñimiento persistente.
- Cambios sutiles en la escritura o en la expresión facial.
Una consulta oportuna con un neurólogo puede marcar una gran diferencia en la detección precoz y en la implementación de estrategias para ralentizar el avance de la enfermedad.
Conclusión
La enfermedad de Parkinson no tiene una causa única ni un origen sencillo. Se trata de una condición en la que convergen múltiples factores: genéticos, ambientales y biológicos. Comprender estos elementos es fundamental no solo para avanzar hacia posibles estrategias de prevención, sino también para mejorar el diagnóstico y tratamiento temprano.
Desde la práctica clínica, la empatía y el conocimiento permiten acompañar a cada persona con Parkinson desde una mirada integral y personalizada. Porque detrás de cada diagnóstico, hay una historia, una familia, y un futuro que merece ser atendido con ciencia y con corazón.
