Parkinson y problemas de sueño o fatiga crónica
Giovana Femat Roldán 10 de octubre de 2024 Padecimientos

La enfermedad de Parkinson (EP) es la segunda condición neurodegenerativa más común en el mundo, sólo después de la enfermedad de Alzheimer. Aunque sus síntomas motores son los más conocidos, los síntomas no motores tienen mayor impacto sobre la calidad de vida, entre ellos, los problemas de sueño y la fatiga. Los trastornos del sueño son de los más comunes y asimismo contribuyen al desarrollo de fatiga crónica, un síntoma que a menudo se subestima en el manejo de esta enfermedad.
Uno de los principales trastornos del sueño es el insomnio. Éste puede manifestarse como dificultad para conciliar el sueño, despertares nocturnos frecuentes o la incapacidad de retomar el sueño al despertarse. De igual forma, la fragmentación del sueño es un problema recurrente y que interfiere con el sueño reparador. Ambos generan agotamiento y somnolencia diurna, asociado a una peor calidad de vida.
La somnolencia diurna excesiva o hipersomnia interfiere con las actividades cotidianas y genera una sensación de agotamiento constante. Suele estar relacionada con alteraciones del ciclo circadiano y con la incapacidad del cuerpo para lograr un sueño REM normal. Ésta etapa del sueño es crucial para la consolidación de la memoria y la reparación del cuerpo. En las personas con EP suele estar comprometido.
El ciclo circadiano regula el reloj biológico del cuerpo, controlando los tiempos para el despertar y el sueño. En personas con EP, este ciclo puede estar alterado, lo que contribuye a la aparición de trastornos del sueño. Además, los movimientos involuntarios nocturnos provocan fragmentación del sueño, lo que impide que el cuerpo y cerebro obtengan los beneficios resultantes de esta fase del sueño.
Otro trastorno del sueño que afecta a las personas con EP es el síndrome de piernas inquietas. Aunque es más frecuente en pacientes con EP, no es exclusiva. Los pacientes experimentan la necesidad apremiante de mover las piernas, especialmente en momentos de reposo, no sólo al ir a dormir. Esto puede dificultar el inicio del sueño o interrumpirlo, exacerbando aún más la fatiga crónica.
Otro trastorno del sueño que afecta a las personas con EP es la apnea del sueño. Esta condición se caracteriza por pausas prolongadas (apneas) en la respiración durante el sueño. Puede contribuir a la fragmentación del sueño, la somnolencia diurna y la fatiga crónica, sin mencionar los efectos detrimentales sobre la salud cardiovascular.
Neurodegeneración en la EP y su asociación con problemas del sueño
La neurodegeneración asociada a la EP afecta múltiples sistemas de neurotransmisores en el cuerpo y no solamente los que dependen de la dopamina. Además de causar la pérdida progresiva de neuronas en la sustancia negra y otras áreas cerebrales que producen dopamina, también puede afectar las áreas responsables de regular el ciclo del sueño. Otros neurotransmisores afectados por la neurodegeneración son la serotonina, noradrenalina y acetilcolina, todos ellos tienen influencia sobre la aparición y progresión de síntomas motores y no motores de la EP.

EP y fatiga crónica
La fatiga crónica es un síntoma físico o mental de agotamiento extremo que no se alivia con el descanso. A menudo es tan debilitante que interfiere con las actividades diarias básicas. No solamente eso, sino que también las alteraciones del sueño REM, el insomnio y la apnea del sueño contribuyen a la fatiga crónica, como se ha mencionado anteriormente. A largo plazo se crea un círculo vicioso en el que los problemas de sueño alimentan la fatiga crónica y viceversa, disminuyendo significativamente la calidad del sueño y, en consecuencia, la calidad de vida.
La fatiga crónica en sí misma puede afectar la capacidad para mantener patrones de sueño saludables y mantener el ciclo circadiano normal. Otro factor a considerar es la somnolencia diurna, un intento fallido de compensar la falta de sueño nocturno. De cualquier forma, no permite alcanzar las fases profundas del sueño, que son necesarias para los efectos benéficos de un sueño reparador.
Síntomas motores de la enfermedad de Parkinson
- Temblor en reposo:
Uno de los síntomas más característicos. El temblor suele comenzar en una mano o un brazo y, con el tiempo, puede afectar otras partes del cuerpo. Lo particular de este temblor es que ocurre cuando la persona está en reposo y disminuye cuando realiza movimientos voluntarios.
- Rigidez muscular:
Los músculos tienden a estar tensos y rígidos, lo que dificulta el movimiento y genera incomodidad o dolor. Esto puede notarse como una resistencia cuando alguien intenta mover las extremidades del paciente.
- Bradicinesia (lentitud de movimientos):
Es la disminución de la capacidad para realizar movimientos voluntarios. Las acciones cotidianas, como vestirse o caminar, pueden hacerse más lentas y difíciles de realizar.
- Inestabilidad postural:
A medida que avanza la enfermedad, los pacientes pueden experimentar problemas de equilibrio, lo que aumenta el riesgo de caídas. La postura también puede verse afectada, llevando a una inclinación hacia adelante.
- Alteraciones en la marcha:
La marcha del paciente con Parkinson tiende a ser arrastrada, con pasos cortos y dificultad para iniciar el movimiento (congelamiento). Esto puede dar lugar al fenómeno conocido como «freezing,» donde la persona siente que sus pies están «pegados» al suelo.
- Facies de máscara:
La expresión facial se vuelve menos animada, con una disminución de los movimientos faciales, lo que da lugar a una «cara de máscara», que puede hacer que el paciente parezca apático o carente de emoción.
Síntomas no motores del Parkinson
- Problemas del sueño:
Los pacientes pueden experimentar insomnio, trastornos del sueño REM (donde actúan los sueños), y somnolencia diurna excesiva.
- Depresión y ansiedad:
Los cambios en los niveles de dopamina y otros neurotransmisores pueden generar trastornos emocionales, como depresión y ansiedad, afectando el bienestar psicológico del paciente.
- Deterioro cognitivo:
En las etapas avanzadas de la enfermedad, algunos pacientes pueden desarrollar dificultades cognitivas que afectan la memoria, la toma de decisiones y la capacidad de atención. En algunos casos, esto puede progresar a una demencia.
- Fatiga:
El agotamiento físico y mental es un síntoma común y puede ser debilitante, incluso si el paciente no está realizando actividad física extenuante.
- Trastornos gastrointestinales:
El estreñimiento es frecuente debido a la lentitud del sistema digestivo. También pueden aparecer dificultades para tragar y sialorrea (exceso de saliva).
- Disfunción autonómica:
Esto incluye problemas con la presión arterial (hipotensión ortostática), disfunción de la vejiga y sudoración excesiva.
- Dolor y molestias:
Muchas personas con Parkinson experimentan dolor muscular, calambres o sensaciones de ardor debido a la rigidez y la postura alterada.
Progresión de los síntomas
Al inicio, los síntomas suelen ser sutiles y afectan solo un lado del cuerpo. Con el tiempo, pueden empeorar y extenderse a ambos lados. Sin embargo, no todos los pacientes experimentan los mismos síntomas o progresan al mismo ritmo, ya que la enfermedad tiene una variabilidad considerable.
Es importante que los pacientes con sospecha de enfermedad de Parkinson sean evaluados por un neurólogo para un diagnóstico adecuado y el inicio temprano del tratamiento. El manejo incluye medicamentos, terapia física y, en algunos casos, intervenciones quirúrgicas como la estimulación cerebral profunda.
Tratamiento
El manejo de estos síntomas es complejo y requiere un enfoque multidisciplinario. El tratamiento sintomático incluye intervenciones no farmacológicas y farmacológicas. Por ejemplo, el uso de melatonina u otros fármacos que mejoren la calidad del sueño. También el uso de terapia del sueño, terapia cognitivo conductual para el insomnio (TCC-I), que son opciones prometedoras para ayudar a regular el ciclo del sueño y mejorar la calidad de descanso en personas que viven con EP.
Adicionalmente, la fisioterapia y los ajustes en la medicación antiparkinsoniana también pueden mejorar la calidad del sueño. Para la apnea del sueño se pueden utilizar dispositivos de presión positiva continua en las vías respiratorias (CPAP), lo que mejora la posibilidad de un sueño reparador. Otras estrategias son las medidas de higiene del sueño, como establecer patrones de sueño consistentes, y la actividad física moderada durante el día, que aunque parezca paradójico, pueden mejorar la fatiga crónica y el sueño nocturno.
Existen varias estrategias que pueden ayudar a mejorar los problemas de sueño y la fatiga crónica en personas con EP. Las intervenciones incluyen medidas no farmacológicas de diferentes enfoques como terapias o estilo de vida, hasta el uso de medicamentos que ayuden en la conciliación del sueño. La combinación de diferentes enfoques pueden ofrecer un alivio significativo de los síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes con EP.
