Consejos para mantener la independencia con el Parkinson
Giovana Femat Roldán 6 de enero de 2025 Sin categoría

La enfermedad de Parkinson (EP) es una patología lentamente progresiva del sistema nervioso central. Se caracteriza clínicamente por bradicinesia, temblor, rigidez e inestabilidad postural.
Las alteraciones motoras en la EP se pueden relacionar funcionalmente con un desequilibrio entre las estructuras corticales y subcorticales, en particular los núcleos de la base.
En el manejo del paciente con enfermedad de Parkinson es necesario un equipo multidisciplinario que incluya a diferentes especialistas médicos (rehabilitador, neurólogo, psiquiatra, urólogo, ortopedista), terapeutas físicos, ocupacionales y de lenguaje, psicólogo, trabajador social, nutriólogo y enfermeros. El especialista en rehabilitación debe evaluar y manejar las principales limitaciones que resultan de esta enfermedad
Las alteraciones motoras
Son una característica clave de la EP, la mayor parte del tratamiento se enfoca en minimizar sus efectos discapacitantes. Las principales alteraciones motoras se relacionan con hipocinesia, acinesia, rigidez, temblor en reposo, discinesias, distonías, alteraciones en la marcha, el balance, la postura y las transferencias. Otros signos tempranos son micrografía, camptocormia y alteraciones del habla. Es importante la rehabilitación física motora para ayudar en la motricidad e independencia en la medida de lo posible.
Alteraciones de la marcha
Las alteraciones en la marcha incluyen también hipocinesia, traducida como disminución de velocidad de marcha, disminución y asimetría en el braceo, disminución en la rotación del tronco, largo de paso, choque de talón al contacto inicial y elevación del pie al balanceo. Estas alteraciones se traducen en una disminución del momento en la oscilación durante el paso, lo que ayuda a explicar la disminución del largo de la zancada.
El paciente presenta disminución en la capacidad para adaptar sus movimientos a las demandas de la tarea. Por ejemplo, no es posible incrementar el largo de paso, en respuesta a una demanda de mayor velocidad de marcha. Algunos pacientes presentan marcha festinante (realización de pasos cortos y rápidos en una postura marcadamente flexionada).
Otra alteración es el congelamiento de la marcha al inicio de esta, al cambiar de actividades, realizar giros y pasar por corredores estrechos. Los pacientes con EP avanzada presentan patrones de movimiento en bloque con falta de fluidez en cabeza y hombros al realizar giros durante la marcha. Por lo cual es de importancia la rehabilitación de la marcha para prevenir caídas.
La inestabilidad postural ocurre en etapas avanzadas en la mayoría de personas con EP y es una de las principales causas de morbilidad y mortalidad, particularmente mediante los incidentes relacionados a las caídas. Los pacientes con EP tienen alto riesgo de caída, entre 50 y 75% presenta una caída por año. La realización de giros es la actividad con mayor asociación a las caídas. Se ha sugerido que la pérdida de la oscilación de los brazos durante la marcha, la cual refleja una disminución en la rotación del tronco, es un predictor de caídas.

Alteraciones del habla
La disartria presenta una prevalencia entre 70 a 89% y se incrementa tanto en frecuencia como en intensidad con la severidad de la enfermedad. Sus primeras manifestaciones son articulación imprecisa de sonidos del habla, silencios inapropiados, habla lenta o rápida y festinada. De esta manera el papel de la terapia de lenguaje es necesario para una mayor capacidad del habla y comunicación.
La enfermedad de parkinson suele cursar con demencia, lo que limita múltiples áreas de las funciones mentales superiores como el habla, el juicio, la abstracción, la toma de decisiones, el aprendizaje, el cálculo etc. lo que implica que los pacientes necesitan de terapia neuropsicológica.
El Papel de la terapia en la enfermedad de parkinson
El manejo farmacológico es el principal tratamiento del paciente con EP, sin embargo se requiere de un manejo multidisciplinario que promueve la actividad física y la participación en la sociedad, desde el momento del diagnóstico, para permitir que el paciente adquiera estrategias de movimiento antes de que se presenten limitaciones físicas y cognitivas severas.
A medida que la enfermedad progresa la eficacia de la terapia farmacológica disminuye. Adicionalmente la terapia farmacológica tiene poco impacto sobre la inestabilidad postural. Aquí, la terapia física juega un rol primordial para enseñar a la persona estrategias para prevenir la pérdida del balance y las caídas.
Los ejercicios de tai-chi, ejercicios de estiramiento, ejercicios de movimiento de cabeza a pies, entrenamiento de la musculatura del tronco, ejercicios de flexibilidad de la columna, facilitación neuromuscular y entrenamiento de Bobath pueden ser útiles. Se requiere de una estrategia de neurorehabilitación personalizada conforme a la detección de los problemas en los pacientes de manera individual.
