Parkinson: Impacto al sistema digestivo y salud intestinal
Giovana Femat Roldán 17 de octubre de 2024 Padecimientos

La enfermedad de Parkinson (EP) es conocida por sus síntomas motores (temblor, rigidez y lentitud de movimientos), pero también presenta una variedad de síntomas no motores que tienen incluso más influencia negativa sobre la calidad de vida. Estos síntomas incluyen problemas digestivos, fatiga, cambios en el sueño, trastornos del ánimo y alteraciones cognitivas. Los síntomas no motores incluso preceden a los motores. Entre ellos, los trastornos digestivos son especialmente comunes y complejos, afectando la motilidad intestinal, la digestión y la salud intestinal en general.
¿Cómo altera el Parkinson la función del sistema digestivo?
Uno de los mecanismos clave por los que la EP afecta al sistema digestivo es a través de la disfunción autonómica. El sistema nervioso autónomo controla las funciones involuntarias del cuerpo, incluidas las que regulan la motilidad intestinal. Esto conduce a una disminución de la capacidad de los músculos que permiten contraerse y relajarse al tracto digestivo. En consecuencia, afecta el tránsito intestinal y se presentan síntomas como estreñimiento, gastroparesia (retraso del vaciamiento gástrico), distensión abdominal y problemas en la deglución.
El estreñimiento es uno de los síntomas gastrointestinales más encontrados en personas con EP; a menudo se presenta años antes que los síntomas motores clásicos. La disminución de la motilidad intestinal está causada por la degeneración de las neuronas del sistema nervioso entérico, que controlan directamente las funciones digestivas. Como resultado, las personas con Parkinson experimentan tránsito intestinal lento, lo que provoca acumulación de heces, distensión abdominal y sensación de incomodidad. La disfunción del sistema nervioso entérico puede iniciar con síntomas de náusea y pérdida de apetito por la afectación de la motilidad intestinal.
El vaciamiento gástrico retardado o gastroparesia es otro trastorno digestivo común en la EP. Se refiere a la lentitud con la que el estómago vacía su contenido hacia el intestino delgado. Las manifestaciones clínicas usuales son náusea, pérdida de apetito, sensación de saciedad temprana y distensión abdominal. La digestión lenta, a su vez, puede dificultar la absorción adecuada de medicamentos y nutrientes, y en consecuencia, afecta el tratamiento farmacológico, metabolismo y estado nutricional del paciente.
La disfagia, o dificultad para tragar, es otro problema frecuente en la EP avanzada, relacionado con la disfunción muscular en distintas fases del proceso de deglución y puede causar que los alimentos y líquidos tarden más tiempo en pasar hacia el estómago. La disfagia contribuye a la pérdida de apetito puesto que el proceso de comer se vuelve más tardado, incómodo e incluso doloroso. La dificultad para digerir los alimentos y la aparición de disfaigia (problemas de deglución) también pueden llevar a una pérdida de peso no intencionada, que agrava más la salud general del paciente. El miedo a atragantarse también puede llevar a los pacientes a evitar ciertos alimentos, lo que compromete su ingesta nutricional y puede causar o agravar un estado de malnutrición. Además, existe mayor riesgo de asfixia y neumonía por aspiración.
No obstante, es importante la revisión de los medicamentos que puedan tener estos efectos. Por ejemplo, los medicamentos con acción dopaminérgica, como la levodopa, pueden agravar los síntomas gastrointestinales preexistentes. Todo ello, también contribuye a la debilidad y fatiga que presentan los pacientes.
Otros efectos sobre el sistema digestivo
Recientemente ha surgido interés en el papel de la microbiota intestinal en la EP. La microbiota intestinal, el conjunto de bacterias y otros microorganismos que habitan el intestino, desempeña un papel fundamental en la digestión, la absorción de nutrientes y la respuesta inmune. En los pacientes con EP se ha observado una alteración en la composición de la microbiota intestinal, lo que se conoce como disbiosis. Esta condición contribuye a la inflamación intestinal y la alteración de la permeabilidad intestinal, es decir, la capacidad de la pared intestinal para evitar el paso de toxinas y microorganismos al torrente sanguíneo. El aumento de la permeabilidad intestinal puede originar inflamación sistémica y agravar los síntomas gastrointestinales. También se ha sugerido que la disbiosis podría estar relacionada con el desarrollo y progresión de la EP.
La inflamación intestinal a largo plazo ocasiona daño en la mucosa intestinal y afecta su capacidad de absorción de nutrientes. Se crea un ciclo de inflamación sistémica que afecta al sistema digestivo y a otros órganos del cuerpo. Además, la deficiencia de ciertos nutrientes puede exacerbar los síntomas de la EP como fatiga, debilidad muscular y disfunción cognitiva.

Efectos globales sobre la salud intestinal
La combinación de todos estos factores afecta al sistema digestivo desde múltiples ángulos. Dado que estos síntomas no motores gastrointestinales pueden impactar la calidad de vida de los pacientes, es crucial un abordaje integral. Se debe considerar la carga de los síntomas motores y no motores para mejorar el bienestar general de los pacientes con Parkinson. Por lo tanto, se requiere un enfoque multidisciplinario que incluya ajustes en la dieta, terapia física para mejorar la motilidad intestinal, y el uso o ajuste de los medicamentos.
Causas de la enfermedad de Parkinson
1. Factores Genéticos
Si bien la mayoría de los casos de Parkinson son esporádicos, aproximadamente el 10-15% tiene un componente genético claro. Existen varios genes asociados con un mayor riesgo de desarrollar Parkinson, como los genes SNCA, LRRK2 y PARK7. Las mutaciones en estos genes pueden afectar la producción de la proteína alfa-sinucleína, que juega un papel importante en la acumulación de cuerpos de Lewy, una característica patológica clave de la enfermedad.
Sin embargo, en muchos casos, los genes por sí solos no son suficientes para causar la enfermedad, y necesitan interactuar con otros factores para desencadenarla.
2. Acumulación de Alfa-sinucleína
Una característica central del Parkinson es la acumulación anormal de la proteína alfa-sinucleína en las neuronas. Estas acumulaciones forman estructuras conocidas como cuerpos de Lewy, que interfieren con el funcionamiento normal de las neuronas. Aunque se desconoce por qué se acumula esta proteína, su presencia está estrechamente relacionada con la muerte de las células en áreas clave del cerebro, como la sustancia negra, responsable de la producción de dopamina.
3. Disminución de Dopamina
El Parkinson está vinculado a la pérdida de neuronas dopaminérgicas en una región del cerebro llamada sustancia negra, que forma parte de los ganglios basales, un área clave para el control del movimiento. La dopamina es un neurotransmisor esencial para la coordinación motora, y su disminución causa los síntomas motores característicos, como temblores, rigidez muscular y lentitud en los movimientos.
4. Factores Ambientales
- Diversos estudios sugieren que la exposición a ciertos factores ambientales puede aumentar el riesgo de desarrollar Parkinson, especialmente en personas con predisposición genética.
5. Envejecimiento
El envejecimiento es el mayor factor de riesgo no modificable para la enfermedad de Parkinson. A medida que las personas envejecen, las neuronas dopaminérgicas tienden a perderse de manera natural, lo que puede predisponer al desarrollo de la enfermedad. La mayoría de los casos de Parkinson aparecen después de los 60 años, aunque también existe el Parkinson juvenil, que afecta a personas más jóvenes.
6. Inflamación y Estrés Oxidativo
Se ha propuesto que la inflamación crónica en el cerebro y el estrés oxidativo contribuyen a la neurodegeneración en el Parkinson. El estrés oxidativo se refiere al daño celular causado por un desequilibrio entre los radicales libres y los antioxidantes en el cuerpo. En el cerebro, este proceso puede afectar las neuronas dopaminérgicas y contribuir a su muerte prematura.
7. Mitocondrias y Disfunción Celular
Las mitocondrias, que son las «fábricas de energía» de las células, también juegan un papel en la patogénesis del Parkinson. Las mutaciones genéticas y los factores ambientales pueden afectar el funcionamiento mitocondrial, lo que conduce a una disfunción en la producción de energía celular y a la muerte neuronal.
8. Infecciones y Traumatismos
Algunos estudios sugieren que ciertos virus, como el de la gripe, podrían estar relacionados con un aumento en el riesgo de Parkinson. Además, los traumatismos repetidos en la cabeza (como los sufridos por algunos deportistas) pueden ser un factor de riesgo en algunas personas.
9. Alteraciones en el Microbioma Intestinal
En los últimos años, se ha propuesto que los cambios en el microbioma intestinal pueden estar relacionados con la aparición del Parkinson. El sistema digestivo y el cerebro están conectados a través del eje intestino-cerebro, y hay evidencia que sugiere que el mal funcionamiento de este sistema podría influir en el desarrollo de la enfermedad.
