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Causas más frecuentes del Parkinson

Giovana Femat Roldán 9 de mayo de 2025 Padecimientos

Causas más frecuentes del Parkinson

La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurológico progresivo que afecta principalmente el control del movimiento. Con el tiempo, puede provocar síntomas como temblor en reposo, rigidez muscular, lentitud de movimientos y alteraciones del equilibrio, además de síntomas no motores como cambios del sueño, del ánimo o del olfato.

Es importante aclarar que el Parkinson no tiene una sola causa. Se desarrolla como resultado de una combinación de factores biológicos, genéticos, ambientales y relacionados con el envejecimiento, que afectan de forma gradual a ciertas neuronas del cerebro.

Comprender estas causas ayuda a los pacientes y a sus familias a entender mejor la enfermedad y a buscar atención médica oportuna y adecuada.

Degeneración de las neuronas que producen dopamina

El mecanismo central del Parkinson es la pérdida progresiva de neuronas que producen dopamina, un neurotransmisor esencial para coordinar los movimientos.

Estas neuronas se localizan principalmente en una región del cerebro llamada sustancia negra, que trabaja en conjunto con los ganglios basales, estructuras encargadas del control motor.

Cuando la cantidad de dopamina disminuye, el cerebro tiene dificultad para regular los movimientos, lo que explica los síntomas característicos de la enfermedad.

Es importante destacar que la pérdida neuronal ocurre de forma gradual, por lo que los síntomas suelen aparecer lentamente y empeorar con el tiempo.

Factores genéticos: ¿el Parkinson es hereditario?

En la mayoría de los casos, el Parkinson no es una enfermedad hereditaria directa. Sin embargo, existen factores genéticos que pueden aumentar la susceptibilidad.

  • Algunas personas heredan variantes genéticas que incrementan el riesgo, aunque no garantizan que la enfermedad se desarrolle.
  • Un pequeño porcentaje de los casos, especialmente en personas jóvenes, se asocia a mutaciones específicas en genes como LRRK2, PARK2, PARK7 o SNCA.

Además, los llamados factores epigenéticos (cambios en la expresión de los genes influenciados por el ambiente y el estilo de vida) pueden modificar cómo estas variantes genéticas afectan a las neuronas.

Factores ambientales y exposiciones de riesgo

Diversos estudios han demostrado que el ambiente también influye en el desarrollo del Parkinson, especialmente cuando existe una predisposición biológica.

Entre los factores asociados se encuentran:

  • Exposición prolongada a pesticidas y herbicidas, frecuente en algunas zonas rurales.
  • Contacto con metales pesados o solventes industriales.
  • Traumatismos craneales repetidos, como los que ocurren en deportes de contacto o accidentes.

Estas exposiciones pueden generar daño celular progresivo y favorecer procesos inflamatorios o degenerativos en el cerebro.

No todas las personas expuestas desarrollan Parkinson, lo que refuerza la idea de que la enfermedad surge por la interacción de múltiples factores.

Envejecimiento cerebral y vulnerabilidad neuronal

El envejecimiento es el principal factor de riesgo para la enfermedad de Parkinson. Con los años, las neuronas se vuelven más vulnerables a distintos tipos de daño, entre ellos:

  • Estrés oxidativo, causado por la acumulación de radicales libres.
  • Disfunción mitocondrial, que afecta la producción de energía necesaria para la supervivencia neuronal.

Estas alteraciones hacen que ciertas neuronas, especialmente las de la sustancia negra, sean más propensas a deteriorarse con el tiempo.

Acumulación de proteínas anormales en el cerebro

En el Parkinson se observa la acumulación de una proteína llamada alfa-sinucleína, que se agrupa formando estructuras conocidas como cuerpos de Lewy.

Estas acumulaciones:

  • Interfieren con la comunicación entre neuronas.
  • Alteran el funcionamiento celular.
  • Se asocian con la progresión de la enfermedad.

La presencia de cuerpos de Lewy es una de las características microscópicas más importantes del Parkinson.

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Inflamación cerebral y fallas en los sistemas de limpieza celular

El cerebro cuenta con mecanismos de defensa y limpieza para eliminar sustancias dañinas. En la enfermedad de Parkinson, algunos de estos sistemas funcionan de forma inadecuada:

  • Neuroinflamación crónica, donde las células de defensa permanecen activas por demasiado tiempo y terminan dañando a las neuronas.
  • Alteraciones en el sistema ubiquitina-proteosoma y en la autofagia, encargados de eliminar proteínas defectuosas.

Cuando estos sistemas fallan, las proteínas anormales se acumulan y contribuyen al daño neuronal progresivo.

El eje intestino-cerebro: un área de investigación activa

Investigaciones recientes sugieren que el sistema digestivo y el microbioma intestinal podrían influir en el Parkinson a través del llamado eje intestino-cerebro.

Se ha observado que cambios en la flora intestinal pueden favorecer procesos inflamatorios o la acumulación de proteínas anormales. Sin embargo, este es un campo en estudio y aún no se considera una causa directa, sino un posible factor contribuyente.

¿Cómo se diagnostica el Parkinson en la práctica clínica?

El diagnóstico es clínico, realizado por un neurólogo, y se basa en:

  • Historia clínica detallada.
  • Exploración neurológica completa.
  • Identificación de síntomas motores característicos.

En algunos casos se solicitan estudios complementarios (como resonancia magnética u otros estudios funcionales) para descartar otras causas, pero no existe una prueba única que confirme el Parkinson.

Señales de alarma: cuándo acudir a valoración médica urgente

Consulta de forma prioritaria si aparecen:

  • Temblor persistente en reposo.
  • Lentitud marcada o rigidez progresiva.
  • Dificultad para caminar o caídas frecuentes.
  • Cambios cognitivos, del estado de ánimo o alucinaciones.
  • Empeoramiento rápido de los síntomas.

¿Cuándo acudir con un especialista?

Se recomienda acudir con un neurólogo si existe cualquier síntoma sugestivo de Parkinson o dudas sobre la enfermedad.

Una evaluación temprana permite establecer un diagnóstico adecuado, iniciar tratamiento oportuno y mejorar la calidad de vida.

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