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¿Cansancio, lentitud y problemas de equilibrio?

Giovana Femat Roldán 9 de junio de 2025 Padecimientos

¿Cansancio, lentitud y problemas de equilibrio?

Muchas personas comienzan a experimentar síntomas como fatiga crónica, lentitud al moverse, desequilibrio o incluso episodios de mareo y vértigo, sin una causa aparente. Aunque en ocasiones estas manifestaciones pueden atribuirse al estrés, al envejecimiento o a una mala postura, en otros casos son señales tempranas de una alteración en el sistema nervioso.

Comprender los síntomas: más que solo cansancio

Sentirse cansado después de una jornada exigente es completamente normal. Sin embargo, cuando la fatiga se vuelve constante, se acompaña de debilidad muscular, sensación de lentitud o problemas para mantener el equilibrio, puede estar ocurriendo algo más profundo. Estos síntomas pueden interferir con actividades diarias tan simples como caminar, escribir o subir escaleras, e incluso provocar caídas.

Además, síntomas como mareo, vértigo, visión borrosa o inestabilidad al girar la cabeza pueden estar relacionados con el sistema vestibular, que es el que nos ayuda a mantener la orientación espacial y el equilibrio. Otras veces, estas señales provienen de afecciones cerebelosas o enfermedades degenerativas como el Parkinson, que también se manifiestan con lentitud en los movimientos (bradicinesia), rigidez y problemas de marcha.

El Parkinson se diagnostica clínicamente

Es importante destacar que el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson es clínico, es decir, se basa en la evaluación directa de los signos y síntomas que presenta el paciente. No existe una prueba de sangre ni un único estudio que confirme la enfermedad. El neurólogo realiza el diagnóstico observando aspectos como la lentitud motora, la rigidez, el temblor en reposo y la inestabilidad postural. 

Las herramientas complementarias, como la electromiografía, las pruebas de la marcha o la resonancia magnética cerebral, no diagnostican Parkinson por sí solas, pero ayudan a descartar otras enfermedades con síntomas similares, como el síndrome cerebeloso, las neuropatías o ciertos trastornos vestibulares.

Por eso, si tú o un familiar están presentando cambios progresivos en el movimiento, el equilibrio o la expresión facial, lo primero es acudir con un especialista que realice una evaluación clínica exhaustiva.

¿Qué es la electromiografía y para qué se usa?

La electromiografía (EMG) es un estudio neurofisiológico que permite evaluar la salud de los músculos y los nervios que los controlan. A través de este examen, se pueden detectar alteraciones en la actividad eléctrica de los músculos en reposo y durante la contracción, lo cual ofrece información valiosa sobre el funcionamiento del sistema nervioso periférico y de la unión neuromuscular. Es una herramienta clave en la medicina neurológica y de rehabilitación.

¿Cómo funciona la electromiografía?

La electromiografía se realiza introduciendo un electrodo en forma de aguja delgada directamente en el músculo. Este electrodo recoge las señales eléctricas que producen las fibras musculares al activarse. Estas señales se amplifican, se registran y se representan gráficamente en un monitor, lo que permite al especialista analizarlas. A menudo se complementa con otro estudio llamado conducción nerviosa, que evalúa la velocidad y la eficacia con la que los nervios transmiten los impulsos eléctricos.

¿Para qué se utiliza la electromiografía?

Este estudio se emplea principalmente para diagnosticar enfermedades neuromusculares. Algunas de las condiciones más comunes que pueden evaluarse con una electromiografía incluyen:

  • Neuropatías periféricas: como la neuropatía diabética, el síndrome del túnel carpiano o la neuropatía por atrapamiento nervioso.
  • Radiculopatías: como en los casos de hernia de disco que afecta los nervios espinales.
  • Miopatías: enfermedades que afectan directamente al músculo, como la distrofia muscular o la miositis.
  • Enfermedades de la unión neuromuscular: como la miastenia gravis.
  • Enfermedades de la motoneurona: como la esclerosis lateral amiotrófica (ELA).

¿Se puede usar la electromiografía para diagnosticar la enfermedad de Parkinson?

Aunque la electromiografía no es una prueba que confirme directamente el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson, sí puede ser útil en algunos contextos clínicos:

  • Diagnóstico diferencial:

Cuando existe duda entre un Parkinson verdadero y otras condiciones que imitan sus síntomas (como el temblor esencial, la parálisis supranuclear progresiva o alguna neuropatía motora), la EMG puede aportar información que ayude a diferenciar entre estas entidades. Por ejemplo, en casos de temblor, el patrón electromiográfico puede orientar al neurólogo sobre su origen (central o periférico).

  • Evaluación de síntomas atípicos:

Si una persona con síntomas parkinsonianos presenta debilidad o alteraciones musculares no típicas del Parkinson, la EMG puede revelar si hay daño neuromuscular coexistente, como una neuropatía o una miopatía.

  • Parkinsonismo inducido por medicamentos o enfermedades secundarias:

En ciertos casos donde se sospecha que los síntomas parkinsonianos pueden deberse a otra causa (como medicamentos o enfermedades metabólicas), la EMG ayuda a detectar si hay una afectación adicional del sistema nervioso periférico.

  • Rehabilitación neurológica:

Para personas con Parkinson que presentan dolor muscular, rigidez o espasticidad, la EMG puede guiar estrategias terapéuticas, como la aplicación dirigida de toxina botulínica, cuando hay distonías o contracturas musculares asociadas.

Evaluaciones complementarias para un diagnóstico integral

Ante síntomas neurológicos persistentes, el especialista puede solicitar otros estudios que complementan el diagnóstico clínico:

  • Estudio de la marcha:

Analiza cómo camina la persona, si arrastra los pies, si hay pérdida de ritmo o si se presenta rigidez

  • Análisis postural:

Permite observar el equilibrio, la respuesta a giros y la capacidad de mantenerse erguido sin ayuda

  • Evaluación vestibular:

Muy útil si hay mareos o vértigo, ya que detecta alteraciones del oído interno

  • Resonancia magnética cerebral:

Permite descartar otras enfermedades estructurales, tumores o lesiones cerebrales

  • Pruebas neuropsicológicas:

En el caso del Parkinson, pueden detectar cambios sutiles en la memoria, la atención o el juicio, incluso en etapas tempranas 

Parkinson: una enfermedad que se puede identificar temprano

El Parkinson es un trastorno neurodegenerativo que afecta principalmente el control del movimiento. Aunque es más conocido por síntomas visibles como el temblor, la rigidez o la lentitud al caminar, en muchos pacientes también pueden presentarse alteraciones del equilibrio, cambios en la postura y trastornos cognitivos. Identificar la enfermedad en sus fases iniciales permite iniciar tratamiento a tiempo y mejorar significativamente la calidad de vida.

La combinación de pruebas como la electromiografía, los estudios de la marcha, la evaluación postural y, en algunos casos, una resonancia magnética cerebral, ayudan a distinguir el Parkinson de otras enfermedades con síntomas similares, como el síndrome cerebeloso, los trastornos vestibulares periféricos, o algunas neuropatías sensitivo-motoras.

¿Cuándo acudir al neuropsicólogo o al neurólogo?

Si tú o un ser querido presenta lentitud progresiva, torpeza, caídas sin motivo claro, alteraciones del habla, cambios emocionales, o dificultad para realizar actividades cotidianas, es fundamental acudir a un neuropsicólogo o un neurólogo. Ellos pueden orientar el diagnóstico mediante una entrevista clínica detallada, pruebas físicas especializadas y estudios como la electromiografía o la resonancia magnética.

El neuropsicólogo, en particular, evalúa funciones mentales superiores y detecta alteraciones sutiles que muchas veces pasan desapercibidas. En casos de enfermedades neurodegenerativas, estas pruebas son clave para monitorear el avance de la enfermedad y adaptar el tratamiento.